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Hablar con la autora

Lo que no cuenta la contraportada es lo más interesante

El otro día me colé en un club de lectura de barrio donde una escritora bastante conocida venía a hablar de su libro. No esperaba gran cosa, pero me pasó algo extraño: de pronto, la literatura dejó de ser humo y se volvió cuerpo. Voz. Duda. Pulso. Ya no era una idea flotando en abstracto, sino una conversación de verdad, sin guion ni postureo. El sitio, una librería pequeña, modesta, de esas que huelen a papel leído y llevan años sirviendo de refugio a quienes leen para entender –o soportar–  mejor el mundo.

Vale, lo confieso: he empezado con una afirmación demasiado intensa, lo de que me pasó algo extraño, como si hubiera salido de allí levitando o me hubiera explotado la cabeza con alguna revelación mística. Mentira no es, pero tampoco fue así. El evento fue real, sí; estuve ahí, escuché, pregunté, tomé notas mentales y no tan mentales. Pero ese comienzo ha sido solo un intento de gancho para que no dejes de leer esto nada más empezar.

Lo que ocurrió fue que confirmé algo que ya sabía, algo que muchos sospechamos, y que rara vez se verbaliza sin maquillaje: que hablar con quien ha escrito lo que has leído suele ser un chute de claridad brutal, y que hacerlo no solo no arruina la magia, sino que la transforma. La vuelve más real, más humana, más cercana. Mejor.

No esperaba milagros. Ni me puse una camiseta con la foto de la escritora, a modo de fan en modo groupie. Me interesaba la obra, sí. Me interesaba escuchar a quien la había escrito, por supuesto. Pero fui sobre todo por curiosidad. Es eso lo que más recomiendo: ir con la cabeza en modo esponja, sin buscar idolatrías ni certezas, sino grietas, debilidades, incertidumbres, porque es en esas debilidades donde ves la verdad del oficio. Lo que se descartó. Lo que salió mal. Lo que no estaba previsto pero luego encajó. Las dudas que aún tiene esa persona sobre lo que escribió hace años. Las preguntas que no sabe responder con contundencia. Eso vale oro.

Uno piensa que quien firma una obra, al hablar de ella en estos entornos modestos soluciona el papelón con una faena de aliño rápida y resultona. Que suelta su discurso tantas veces repetido en emisoras y entrevistas, esa narrativa de marketing coherente con las solapas y la publicidad. Pero no. Lo que encontré fue una conversación. Gente preguntando y opinando sin pudor, y la autora respondiendo sin necesidad de parecer brillante. A veces detallada, otras veces con un «no lo sé, me salió así». Eso es lo más valioso: que no todo está planificado, que no hay un mapa secreto en una obra. Que hasta las grandes decisiones a veces nacen del caos, la intuición o la desesperación, o porque lo reclama de manera impetuosa un determinado momento, como ese irreverente «…y se levantó la falda para mearse en la tumba del marido», de una escena de su libro. Eso también vale su peso en autenticidad.

Me había sentado pensando que quizás me decepcionaría. Había una remota posibilidad de que, al ver cómo se construyó el libro, se caería algo del hechizo. Fue al revés. Saber que una escena nació de un error, que un personaje se resistió o que una parte entera del libro —no era el caso, como otras muchas cosas de esta reflexión— casi desaparece porque «no funcionaba», no resta, ¡suma! Lo vuelve todo más real. Más posible. Te autoriza a escribir desde lo imperfecto, a confiar en tu propio caos y también ¿por qué no decirlo? a repasar con otros ojos lo que ya habías leído.

Preguntar fue lo mejor. ¿Por qué ese final? ¿Por qué ese narrador? ¿Por qué esa escena que parece clave termina tan rápido? Escuchar las respuestas, o incluso los titubeos, confirmaba lo que todos los que escribimos necesitamos oír de vez en cuando, en secreto —o en voz alta—: que no hay una sola forma de hacer las cosas, que nadie lo tiene todo claro, que muchas veces se acierta a ciegas. Ver a un autor admitir eso con naturalidad es casi revolucionario en un mundo que exige parecer seguro, talentoso, infalible.

Si no escribes, pero lees con pasión, también hay algo en esta experiencia para ti. Porque te das cuenta de que el libro que tienes entre manos no es una estatua perfecta, sino una criatura en proceso. Que lo que tú interpretaste no siempre fue intencionado, pero aun así vale. Que el texto vive también fuera de su autor, pero que entender el parto del libro —con sus forceps, sus desgarros y sus silencios— te da una visión más rica del panorama. Más compleja. Más puñeteramente humana. Así que, si alguna vez tienes la oportunidad de asistir a un club o un taller con una autora o un autor y hablar de su obra, hazlo. Sin misticismo, sin expectativas de iluminación, pero con la certeza de que mirar el libro desde dentro puede sacudirte. No por lo que aprendas, sino por cómo se desmoronan —o apuntalan— tus mitos. Lo que queda en pie, al final, es mucho más interesante que cualquier pose literaria.

No te he contado esto por hacerme el listo ni por cumplir con el cliché del «escritor que valora el proceso». Lo digo porque lo he vivido. Porque he salido de ahí con ganas de escribir… aún más (poca broma con esto, no sea que mi procrastinación se sienta invocada y ataque en cualquier momento).

Nota: por si no hubiera quedado claro, esta crónica es semificticia, o semiverdadera, a elección, he usado los mimbres de un hecho real y los he entretejido con un propósito divulgativo y espero que entretenido, si no, no habrías llegado hasta esta línea, gracias :).

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4 comentarios sobre “Hablar con la autora

  1. Juan dice:

    Me ha hecho pensar

    1. lectureo dice:

      Gracias por el comentario, Juan. Esa era la idea. Un abrazo.

  2. Marga Cánovas García dice:

    Bonjour mi tan admirado escritor😊👩🏻‍🎓📗el día que tenga lugar un encuentro en una librería, con usted como protagonista a escuchar y preguntar, tras su último éxito «Trasuntos Propios I», por favor hágamelo saber, porque esa cita, no me la pienso perder😊. Por cierto, siempre le leo hasta la última letra😊🍸🍸.

    1. lectureo dice:

      Gracias, Marga, siempre tan atenta. Te avisaré, por supuesto. Y no me cabía la menor duda de que lo lees todo hasta el final. De nuevo, GRACIAS 😊

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