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Colgar de un barranco

Suspenso que engancha para seguir leyendo

Claro que podrías cerrar ese capítulo con un final digno, con personajes que se emocionan, lloran, se perdonan, se felicitan o aprenden algo profundo. De esa manera, quien te lee tiene una excusa perfecta para apagar la luz y atacar al día siguiente otro episodio, tan renovado y autoconclusivo como el que acaban de cerrar… Pero, ¿por qué así? Es mucho mejor clavar a alguien una pistola en las costillas cuando solo quedan dos líneas hasta el hueco en blanco del final del capítulo; o mejor, que el arma apunte directamente a la cabeza del asustado protagonista mientras te tronchas tecleando: «Y entonces, oyó el disparo».

Fin de capítulo. Cierra el Scrivener, o el Word, lo que estés usando. Deja en el vaso los hielos casi derretidos con sabor al último whisky de la noche y retírate. El cliffhanger* ha cumplido su misión, nada menos que transformar tu novela en un escenario de tortura (con estilo, por supuesto, aunque depende mucho de tu grado de psicopatía, tu arte y la fidelidad de tu público).

Practicar el cliffhanger no es solo cortar la acción en el momento más tenso. Se trata de recordar quién manda aquí. Es tu forma de mirar a los ojos de tu lectora —tienes ventaja porque los tiene clavados en tus palabras— y decirle: «Tú crees que decides cuándo paras de leer, ¿verdad? ¡qué ingenua!» Nada es comparable a esa pequeña crueldad de dejarla colgada justo cuando todo se iba a resolver. El clásico Tengo-que-contarte-algo-muy-importante-sobre-tu-padre…, pero no te vas a enterar de qué es hasta que el próximo capítulo, o el siguiente.

¿Falta algo más de acción? Un buen cliffhanger también sirve de revulsivo narrativo. ¿Tu personaje anda por un pasillo anodino? Añade una puerta que se abra sola, que no se vea, que solo se oiga su chirriar. Otro más, ¿una pareja a punto de besarse? Vaya, una sombra inesperada en la pared les corta el subidón. ¿Sequía de ideas? Un misterioso «No puede ser… es él.» ¿Quién es él (o ella)? Nadie lo sabe. Ni siquiera tú. No importa, por ahora, pero te deja margen para fichar a otro personaje, posiblemente crucial, aunque no lo hubieras imaginado hasta entonces.

Tira de tus lecturas y tus notas –ahora todo el mundo pega papelitos de colores y subraya o escribetea en los márgenes de los libros, al menos, haz que todo eso te sirva para algo–, y recopila como escribiente ese arsenal de frases que atascan el corazón de cualquiera en la garganta. Algo como «sintió una respiración justo detrás de su nuca», «no llegó a gritar: la luz se apagó de golpe», o «sobre la mesa, una nota con su nombre… escrita con su letra». Lo admito, no he estado muy fino, pero seguro que lo pillas. Tus fans no necesitan más justificación, solo el espacio vacío que te dije antes. La audiencia hará el resto.

¿Más virtudes? El cliffhanger es un salvavidas cuando no sabes cómo seguir. ¿El follón de la trama te ha superado? Mete un disparo, una explosión… ¿Ni idea de cómo resolver algo?, ¿te da pereza la escena? Alguien dice «tenemos que hablar con más tranquilidad» y cierras el portátil. Es como desaparecer de la fiesta cuando toca fregar los platos. Lo mejor: el público fiel lo aguantará. Se quejará, maldecirá tu nombre, prometerá dejar tu libro. Mentira. Pasará una página, y otra, y otra. A las dos de la mañana seguirá ahí, con ojerotas, esperando que ahora sí lo cuentes todo (spoiler: no lo harás. Aún no). Lo más bonito de todo: no necesitas sutileza. Usa el recurso de los precipicios como si fueran fuegos artificiales. Uno por capítulo, dos, tres o cinco. Si crees que te has pasado, mete otro más, no temas, el miedo es de novatos. Así que sí: podrías construir arcos redondos, diálogos hondos, desenlaces satisfactorios; o bien, dejarlo en un «llegó tarde para impedirlo: el mensaje ya estaba en la carpeta Enviados», y desaparecer de la faz de la Tierra un tiempo.

Porque no es solo un recurso, sino un modo de vida. Un acto de rebelión contra la obligación de dejar todas las tramas bien cerradas con todo resuelto. Relatos redondos. Uff, qué pereza. ¿Y cómo combinar tanta intriga con la coherencia narrativa y otros elementos? Bueno… eso es materia de otro post, ya te avisaré, mientras… agárrate bien.

*Técnica narrativa de dejar a un infeliz colgado —literalmente, como dicen ahora— del borde de un barranco mientras el autor se hace un café o se pone otro whisky. El lector se queda sujetando la otra mano, esperando que alguien sobreviva… y jurando que esta vez sí dejará de la obra. Spoiler: no lo hará.» (Nota bene: ídem para «una infeliz», «la autora» o «la lectora»)

 

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4 comentarios sobre “Colgar de un barranco

  1. Diana Carrillo dice:

    Buen recopilatorio de ideas para mantener el interés del lector hasta el final aunque ni tú tengas idea de cómo va a acabar. ¡Anima a escribir!

    1. lectureo dice:

      Gracias, Diana, por tu amable comentario. Aquí hay un poco de truco, porque el autor suele saber adónde quiere llevar al lector, pero necesita que este no se suelte de su mano hasta llegar al final. Por eso, es importante usar este viejísimo recurso y mantener la tensión en todo lo alto mientras se alcanza la meta. Un saludo cordial 🙂

  2. Marga Cánovas García dice:

    Bonsoir maestro de la sutileza – a veces difícil – y el suspense noir. Por qué nos mantiene conteniendo la respiración y a sabiendas, que usted, si usted, admirado escritor, conoce cómo ubicar a cada uno de sus interesantes personajes, de antemano conoce el pavoroso sonido de un disparo, entendemos el pánico al leer una nota manuscrita con nuestro nombre, y lo que más me asusta: la he escrito yo!. Demore por favor ese segundo whisky, por qué, sí sintiese nuestra angustiosa espera hasta poder leer el siguiente capítulo, dejaría la botella de whisky junto a su ordenador. Necesitamos seguir leyendo más y más capítulos, ya no podemos abandonar, esta atmósfera de intriga en la que nos ha situado, a sus incondicionales lectores! Merci👩🏻‍🎓📗.

    1. lectureo dice:

      Hola de nuevo, Marga. Comentarios siempre maravillosos, MUCHAS GRACIAS.
      Espero no defraudar nunca sus espectativas.
      C’est moi qui vous remercie! 😉

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