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Dentro

Un relato de agobio y supervivencia

La cremallera se atascó casi al final de su recorrido, a la altura del cuello. Ni subía, ni bajaba. El agobio empezaba a latir. Lara intentó moverse. El relleno de plumas parecía retenerla, mullido, denso, hostil. De nuevo, intentó tirar de la lengüeta con la misma mano que había provocado su situación. Nada. Hacia arriba. Tampoco. El metal hizo un sonido áspero, burlón. Lo intentó otra vez. Peor: el tirador se salió de su sitio y ahora reposaba inútil entre los pliegues de aquella trampa.

No veía bien. Solo el nylon azul del saco envolviéndole la cara como una carpa de hospital. El aire era caliente y espeso. Como si alguien hubiera consumido ya todo el oxígeno y le hubiera dejado los restos, vaho cálido, irrespirable.

«Tranquila, es solo un saco. Lo has usado mil veces. Se te ha atascado un montón de ocasiones, y siempre has podido salir… con ayuda», pensó, pero esa noche era distinta. Estaba sola. Se había planteado el desafío, y ahora lo único que el campo le ofrecía era un silencio denso, acongojante, ominoso. Sin grillos, ni viento, solo su respiración, que le sonaba ruidosa, casi obscena. El saco se le pegaba a la piel con cada bocanada. Se achicaba por dentro.

Debería haberlo cambiado hace años. Cada vez que la cremallera amagaba con fallar, lo pensaba. Pero no llegó a hacerlo. Siempre que alguien se lo decía —«cualquier día te dejará tirada»—, asentía y mentía. Pero no. Era cómodo. Era suyo. Había compartido con ese envoltorio acogedor muchas noches de aventuras, en lugares inesperados, al lado de personas inolvidables. Aunque el cierre estuviera gastado, aunque la tela crujiera reseca, ahí seguía… fiel, pero a veces traicionero.

Movió los pies. No podía plegar las rodillas. Una mano seguía atrapada por debajo de su pecho. La otra, afuera. Temblando. Inútil. Su fular de cuello, fino pero resistente, se había enredado y ahora le apretaba el cuello con cada tirón. Se asustó. Al intentar liberarse, solo logró que un mechón de su propio pelo quedara atrapado también en la cremallera. Jadeó. Sintió como si el saco no solo la inmovilizara, sino que comenzara a apretarla desde dentro.

Entonces empezó a pensar en los animales. No en los tiernos de pelo acariciable, sino en los otros. Los que huelen el pánico. Los que rondan sin hacer ruido. Se imaginó al zorro, al jabalí, a la serpiente. Paralizada, allí solo era un bulto palpitante, expuesto, en plena oscuridad. El calor la asfixiaba. Gritó. El saco amortiguó el grito. Nadie la oyó. Solo los árboles. Pero los árboles no escuchan.

El pañuelo seguía tenso, aunque aún podía respirar. Jadeó. El pelo tiraba; la garganta se cerraba. En ese punto, algo dentro de ella cambió. Un gesto torpe se volvió furioso. Rasgó, arañó, mordió. La tela crujió. Un hilo saltó. Otro. Se abrió una rendija, el aire frío entró como una bofetada. La otra mano encontró una abertura. Tiró con todo el cuerpo. El saco cedió y rodó hacia afuera, empapada, jadeando, con el rostro contra la tierra. Libre.

Se prometió un saco nuevo por su cumpleaños. Sin cremalleras.

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2 comentarios sobre “Dentro

  1. Marga Cánovas García dice:

    Dios mío, quién me mandaría a mí, este largo finde, irme a meditar a la montaña con este frío⛺❄️y esta vez, he sido yo solita, yo, la que se ha empeñado en que no me acompañase nadie! No puedo más, por favor que alguien más haya tenido mi misma idea ¡y….me ayude!. SÍ, este saco mío es una reliquia pero no lo quiero tirar: es mi talismán, tantos recuerdos, no sería justo, dejarlo en el contenedor de basura😕, pero ahora tengo tanto miedo, miedo a no volver a ver amanecer, LARA ¿CÓMO PUEDES SER TAN TONTA?, estoy peleándome con mi saco, ay, Dios mío, que le he ganado por K.O.🥲ya sé lo que voy a pedir a mi madre por mi cumple🥳🥂, BRAVO mi tan admirado escritor, esta vez no veía un final feliz😊👩🏻‍🎓📗.

    1. lectureo dice:

      Jajaja, qué buen comentario. Al menos, veo que me he explicado bien, porque lo has entendido perfectamente, y me alegro. Era un relato en el taller de escritura creativa, con más variaciones posibles, pero no mucho más espacio para contar… ¿por qué llega a esa situación? ¿no hay teléfonos? ¿dónde hay fieras? ¿qué pasa después? En fin, aquí abajo hay espacio suficiente y abierto para sugerencias. Un abrazo.

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