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El traje

Hoy me levanté tarde. En la mesa de la cocina me esperaba el desayuno junto al periódico recién traído por el cartero. El titular de la portada rezaba así: «Sara Stein recibió anoche el premio a la mejor científica del año enfundada en un extraño traje algo impropio para la elegante ocasión: su discurso sublime lo explicó todo»:

Lo que conté anoche lo transcribo a continuación:

«Cuando yo era una niña siempre pensé que tenía superpoderes. Mi mundo infantil estaba hecho de olores que se acompañaban de colores. Hasta los 8 años lo viví con naturalidad, pero entonces empezaron las burlas. Aún recuerdo cuando las «chulas» me llevaban al baño, me metían la cabeza en el retrete lleno de mierda y me decían: ¿qué colores ves ahora? ¿ves más colores que en la clase de química?.

Encerrarme en mi habitación e ir tejiendo poco a poco me hizo resistir. Empecé por el antifaz, para no dejarme ver y durante el instituto seguí tejiendo el top y la falda. Aunque era algo infantil, nunca quise deshacerme del traje y mientras estudiaba la carrera de farmacología lo fui adaptando a mi nueva talla. Después me hice con el escudo invisible. Cuando me contrataron en el laboratorio tuve que sacarlo cuando vino una de las «chulas» a hacer el ensayo clínico. Ella fue una de las primeras en usar uno de los novedosos medicamentos que he creado para curar el cáncer de mama, gracias a mi capacidad para ver los olores. Su cara se quedó pálida al verme. Una cara similar a la que todos ustedes han puesto cuando me han visto con este traje de superheroína.»

Alicia Gutiérrez Misis

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