Blog

Silencio atronador

Si hubiera sospechado lo que se oye después de muerto, no me habría suicidado. El zumbido de ese silencio es ensordecedor: invade cada rincón de mi ser con una intensidad que jamás podría haber imaginado.

          Cuando aún era mortal, un vocerío interior me atormentaba día y noche, un alboroto constante que me llevó a esta irreversible decisión. Ahora, ese barullo se ha tornado en un mutismo perturbador, una insonoridad fría, incolora e inerte.

           Esta atronadora quietud me impulsa hacia la imposible contradicción de anhelar el regreso a la vida: una tortura eterna.

          Te lo advierto ahora con toda la fuerza de mi ser desvanecido: ¡no desees estar aquí, jamás, ni por todo el ruido del mundo de los vivos!

¡Haz clic para puntuar esta entrada!
(Votos: 0 Promedio: 0)

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *