Cuando «suficientemente bueno» deja de ser una excepción y se convierte en el estándar
Hay una expresión –nunca escrita en un presupuesto– que se está colando con demasiada naturalidad en ciertos procesos de traducción: «Good enough», suficientemente bueno. Y uno se queda pensando… ¿suficiente para quién?
El proceso cada vez está más extendido: se genera un texto «meta» con IA, se le pasa a un editor humano para que «lo deje presentable» y listo. Producción rápida, costes contenidos y la sensación de que el trabajo ya está hecho. O, al menos, hecho lo bastante. En el papel, todo encaja; en la práctica, queda ese poso difícil de nombrar, cuando algo funciona pero no termina de estar bien del todo.
A veces imagino cómo sonaría esto en otros campos, dicho con la misma naturalidad.
- Un cirujano que, al terminar, comenta con media sonrisa: «Bueno, hemos llegado hasta donde compensaba. Podríamos haber afinado más, pero el presupuesto también tiene sus límites».
- Un mecánico que te entrega el coche y, mientras te da las llaves, añade: «Arranca y anda bien. Eso sí, yo no lo forzaría demasiado».
- Un arquitecto enseña un edificio recién terminado: «Está bien. No es para presumir, pero cumple. Ya me entiende.»
- Un chef en un restaurante caro que te sirve un plato tibio y te dice: «No es mi mejor versión, pero alimenta y sale muy bien» (aquí podría añadir que ha utilizado algún componente precocinado que baja mucho la cuenta final).
En cualquiera de esos casos, algo dentro de nosotros se revolvería un poco. No haría falta montar un discurso, pues bastaría con la sensación de que nos están pidiendo aceptar menos de lo prometido; sin embargo, en el mercado de la traducción empieza a sonar razonable. Quizá porque un fallo no siempre es llamativo; se cuela en el tono, en los matices, en esa pequeña distancia entre lo que se quiso decir y lo que finalmente se dice. Lo curioso es quiénes se permiten ese «lujo», como grandes multinacionales, marcas muy cuidadas, obsesionadas con cada detalle de su producto… luego hablan a sus clientes en otros idiomas con traducciones «están suficientemente bien».
En medio, grandes multinacionales de la traducción que han afinado muy bien su maquinaria: volúmenes enormes, procesos optimizados y un modelo que les funciona.
El resultado tiene algo de paradoja elegante, pues se cobra como si fuera excelencia y se entrega algo… suficientemente digno. Nadie parece muy incómodo, porque todo «funciona». Sin embargo, ese pequeño desplazamiento del estándar –de aspirar a hacerlo bien a conformarse con que no falle– va dejando huella.
Quizá la cuestión no sea si la IA tiene sitio en todo esto –seguramente sí–, sino qué lugar le damos al criterio. Porque cuando el lenguaje se trata como una capa superficial, acaba siéndolo también la relación con quien está al otro lado. Más que un error puntual, eso es una forma de decir: «con esto basta». A veces podría bastar, sí, pero otras, las que importan, es justo ahí donde empieza a notarse todo.
